Alemania proyecta cierre de sus 17 centrales nucleares para 2022

Central nuclear, Alemania

La canciller alemana Ángela Merkel ha superado los avatares de la política y logró convencer a los liberales para que apoyen la decisión de fijar el apagón nuclear para el año 2022. Las negociaciones no fueron fáciles. La tercera fuerza política alemana no quería verse involucrada en la onda antinuclear y había declarado que preferían dejar el tema aparcado por un tiempo.

Sin embargo, la constante presión pública mediante populares movilizaciones de calle apresuraron el acuerdo. A cambio, la canciller hizo un par de concesiones: la primera es la posibilidad de detener el proyecto en caso de una crisis energética y la segunda es la medida de conservar dos centrales nucleares sin funcionamiento pero construidas y listas para operar si fuese necesario.

En un informe del partido CDU, del cual Merkel es miembro, se afirma que el coste del proyecto del apagón nuclear es de 40 millones de euros, sin embargo aún no existe información sobre cómo se asumirá dicho importe.

Pero no hay consenso alrededor de este proyecto. Al respecto, el exministro Economía, Reiner Brüderle, estima que cuando se inicie el apagón de los reactores nucleares, Alemania empezará a sufrir “cortes eléctricos y problemas de suministro”. Es una opinión que aunque en otras palabras expresó el nobel de química alemán Robert Huber, al asegurar que “los países no están preparados para sustituir la energía nuclear que producen y que aún falta tiempo para que energías renovables puedan suplantar a la atómica”.

El proyecto ha creado una intensa polémica. Las empresas productoras de energía nuclear se han puesto a marcha forzada para buscar alternativas y sobrevivir a la decisión del Gobierno. Una de éstas es RWE que ha decidido invertir 5 mil millones de euros para la construcción de una central nuclear en Holanda, a 200 km de la frontera alemana y exportarla hacia ese país.

Por su parte los portavoces del Instituto Alemán de Investigaciones de Economía son más optimistas y apoyan la medida asegurando que la industria de energías renovables crecerá hasta el 3% del PIB, estiman que traerá consecuencias económicas positivas tomando en cuenta los buenos resultados de 2010.

Estos argumentos no parecen convencer a sus detractores quienes replican que la medida producirá un 6 por ciento de aumento en los recibos de energía de los consumidores y continúan advirtiendo que para satisfacer la demanda energética que antes cubría la nuclear, tendrá que recurrirse nuevamente al gas y al carbón, lo cual aumentará la contaminación debido a las emisiones de CO2.

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